Siempre cuesta decir
adiós. Y más cuando es a una persona cercana y querida. Es muy difícil creer que no son cien los kilómetros que nos separan, son miles. Y para miles,
los momentos que nos unen. Porque ha pasado de todo, pero lo hemos superado. Hemos sufrido mucho, pero míranos, aquí estamos. Es duro mirarte a los ojos, sabiendo que va a ser la última vez que los vea en mucho tiempo. Pero
yo te prometí un siempre, y permanece intacto. Es imposible dejar de darle vueltas. Y es que, cuanto más lo piensas peor te sientes. A veces un madrugón causa una sonrisa permanente en una persona. Yo por lo menos, estaría dispuesta a hacerlo todos los días de mi vida, con tal de hacerte feliz. Y te juro que si me dices "te necesito", voy hasta donde estés, sin importar la distancia. Porque hay amigas que no son amigas, son hermanas. Y
ellas se merecen todo.
Seré cabezota, pero repito que es muy complicado estar sin tí, porque te quiero. Y al irte te has llevado una parte de mí. Pero da igual,
siempre estás conmigo. Antes, te veía y sabía que te pasaba. Pero ahora me cuesta creer tu 'estoy bien'. Me encantaría estar contigo y ayudarte en todo lo posible. Darte consejo, y machacar al que te hiciera daño. Pero no lo estoy. Lo bueno, lo que me consuela, es saber que esto no es un adiós.
Es solo un hasta luego.
Con la colaboracion de: PAC
No hay comentarios:
Publicar un comentario